“El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.” * Su maestro, enterrado desde hacía tres días en ese lugar, había desaparecido; el sepulcro estaba vacío. Ella creyó firmemente que había resucitado, así que se fue hasta el resto de los discípulos y les anunció la noticia. A pesar de que hubo algunos que la creyeron, otro nutrido grupo de ellos la tomaron a broma, incluso pensaron que se estaba burlando de ellos. No obstante, la cuestión era que el cuerpo de su maestro no estaba allí.
Se sintieron muy abandonados y tenían que hacerlo volver, no había rastro de aquel hombre al que tanto admiraban; no podían soportarlo y comenzaron a recuperar todos aquellos objetos que habían pertenecido a Jesús y darles algún nuevo uso cotidiano que hiciera que siempre lo recordaran, conseguir que Él siempre estuviera presente.
De esa forma, lo primero que hicieron fue recuperar la cruz con la que Jesús subió al calvario y en al que fue crucificado, la limpiaron bien y la hicieron trozos más pequeños y los destinaron a distintos usos. Algunos pedazos se utilizaron en construir muebles: quizás las grandes sillones desde los que hoy los sacerdotes y obispos dicen sus homilías, situados a la derecha de la derecha del padre. Con otra parte de aquellos trozos se hicieron tronos dorados para llevar a su maestro si alguna vez volvía; aunque Jesús rechazó durante toda su vida el ensalzamiento, ellos querían darle el mejor trato, como no tenían noticias de él; decidieron representarlo en pinturas, en esculturas; y como el mito del Pigmalion, acabaron enamorándose absolutamente de aquellas obras olvidando que eran tristes trozos de madera, y sobre todo, olvidando al que estaban representando.
Para que las vestiduras de su maestro tuvieran uso más solemente se bordaron en hilo de oro y se destinaron a hacer túnicas y mantos… Aquellas imágenes que hicieron de su maestro las vistieron con lujosas ropas, las ropas con las que Jesús predicó el amor por los más necesitados habían cambiado mucho.
Su corona de espinas se destinó a una valla para proteger los jardines de los ricos, en aquellos jardines crecieron las rosas con más espinas, crecieron árboles de dinero, y junto a él creció la cizaña; pero nadie podía quitarla porque el jardín estaba protegido por aquellas espinas. Por último, los discípulos cogieron todas las piedras que construían el sencillo sepulcro del maestro para hacer con él palacios episcopales y grandes catedrales, desde donde tener más presente a aquel gran hombre.
Con las pertenencias de su maestro prepararon un amplio despliegue por si algún día Él volvía… Pero lo cierto es que desde ese domingo, si es verdad que resucitó, Jesús se avergonzó de aquel circo y huyó para siempre.
*Juan 20,11
viernes, 13 de abril de 2007
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1 comentario:
hola jonas, la verdad es k como yo (paco moya), por sus obras vereis quienes son, ¿oh, no?. Bueno, para hacer un comentario honesto al respecto de este articulo, te diría, que a pesar de los escepticos de la ciencia, que afirman tener serias dudas sobre que jesus muriera en la cruz, yo creo que fue así, no porque me lo diga la iglesia, sino porque nuestra propia conciencia es la k hace de nexo entre la moral y el Universo. Yo creo que jesus vino a enseñarnos una forma de vida, que despues de 2000 años, todavia no hemos sido capaces, de llevarla a cabo. En fin, cada uno guarda su alma en su almario, y alli donde este al llanto de un niño allí seguirá estando jesús, llevando el peso de su sufrimiento y aguardandole para cruzar el umbral que lleva al Reino de su Padre. Enhorabuena, por tu artículo. Salu2 desde el rincón de Paco Moya, donde la poesía se hace historia.
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